NUEVOS TIEMPOS...
Vivimos en un mundo cada día más progresista y acelerado en donde cada vez tenemos menos tiempo con nosotros mismos y con nuestras familias.
Cada vez nos vamos perdiendo más en este mundo, en este sistema que nos observe y nos homogeneiza, sin ver a quien que arrasa con pensamientos, ideales y culturas ... y por qué no decirlo, marca nuestro destino.
Caemos todos en esa tentación, en esa luz del poderío, en una especie de voluntad propia, en un libre albedrío, en este contrato de vida que tenemos que asumir casi sin cuestionarlo.
Vamos marcando el paso y en el intento de acelerar no miramos a quien y pisoteamos al que está al lado. Pues la vida se nos da en un contexto atmosférico individualista, en donde lo pragmático y materialista hacen perder el pulso a nuestra esencia como seres humanos. Esa necesidad insaciable de satisfacción hace al hombre más competitivo y hace que su contexto de diario vivir sea paradojal a su naturaleza.
Esas pequeñas simplezas de la existencia del hombre, como lo son respirar libremente, el despertar cada mañana y ver que existe un sol hermoso que nos cobija con su luz de abrigo, el suministrarnos con lo justo, satisfactorio y sin codicia a nuestro organismo, son sin duda, esencias que se están difuminando y que hacían al hombre un ser más armonioso consigo mismo, sólo resta darse el tiempo para descubrir lo que somos realmente y gozar con esas pequeñas simplezas con las cuales un día el hombre gozo, pues no había mayor preocupación, el reloj no corría y el pensar en un progreso avallasador tecnológico no estaba en los códigos humanos.
Aprender a descubrir nuestra propia verdad, nuestro verdadero sentido en la vida, a creer por lo consideramos justo harán que nuestro paso por el mundo de hoy de vuelva más equilibrado.
Cada vez nos vamos perdiendo más en este mundo, en este sistema que nos observe y nos homogeneiza, sin ver a quien que arrasa con pensamientos, ideales y culturas ... y por qué no decirlo, marca nuestro destino.
Caemos todos en esa tentación, en esa luz del poderío, en una especie de voluntad propia, en un libre albedrío, en este contrato de vida que tenemos que asumir casi sin cuestionarlo.
Vamos marcando el paso y en el intento de acelerar no miramos a quien y pisoteamos al que está al lado. Pues la vida se nos da en un contexto atmosférico individualista, en donde lo pragmático y materialista hacen perder el pulso a nuestra esencia como seres humanos. Esa necesidad insaciable de satisfacción hace al hombre más competitivo y hace que su contexto de diario vivir sea paradojal a su naturaleza.
Esas pequeñas simplezas de la existencia del hombre, como lo son respirar libremente, el despertar cada mañana y ver que existe un sol hermoso que nos cobija con su luz de abrigo, el suministrarnos con lo justo, satisfactorio y sin codicia a nuestro organismo, son sin duda, esencias que se están difuminando y que hacían al hombre un ser más armonioso consigo mismo, sólo resta darse el tiempo para descubrir lo que somos realmente y gozar con esas pequeñas simplezas con las cuales un día el hombre gozo, pues no había mayor preocupación, el reloj no corría y el pensar en un progreso avallasador tecnológico no estaba en los códigos humanos.
Aprender a descubrir nuestra propia verdad, nuestro verdadero sentido en la vida, a creer por lo consideramos justo harán que nuestro paso por el mundo de hoy de vuelva más equilibrado.


